Deseo sexual diferente en pareja: qué hacer cuando no coinciden las ganas
Por qué el deseo es diferente (y por qué cambia)
El deseo no es un rasgo de carácter que se tiene o no se tiene. Es un estado, depende de muchas cosas a la vez y funciona distinto en cada persona.
Algunas de las cosas que mueven el nivel de deseo:
- el estrés, el cansancio y cuánto duermen,
- las hormonas y sus cambios naturales (ciclo, embarazo, posparto, menopausia, andropausia),
- ciertos medicamentos, entre ellos algunos antidepresivos y los anticonceptivos hormonales,
- cómo se sienten con su propio cuerpo ese día,
- las tensiones de la relación, que casi nunca se quedan solo en la cabeza,
- el momento de la vida: un bebé en casa, un trabajo nuevo, una enfermedad en la familia.
Y hay algo de lo que se habla poco: hay personas en las que el deseo aparece solo, de la nada, y otras en las que llega como respuesta a la cercanía y al contacto. Esta segunda persona no tiene "poco deseo". Simplemente necesita sentirse cerca primero para que lleguen las ganas. Cuando los dos lo entienden, se ahorran mucho dolor que no hacía falta.
Y lo más importante: todo esto cambia. Quien hoy tiene menos ganas puede tener más dentro de medio año, y al revés. Por eso ayuda verlo como algo que atraviesan juntos, no como un defecto que carga uno solo.
Cómo hablarlo sin presión ni culpa
Esta suele ser la parte más difícil, porque es fácil que se cuelen palabras que hieren aunque nadie lo busque. Quien tiene menos ganas a menudo escucha por dentro una vocecita que dice "estoy rota". Quien tiene más se siente rechazado como persona, no solo como pareja. Los dos sentimientos son de verdad y los dos piden cuidado.
Cosas que ayudan en esa conversación:
- Hablen desde ustedes, no de la otra persona. "Echo de menos sentirme cerca de ti" abre la puerta; "tú nunca tienes ganas" la cierra de golpe.
- Busquen un momento tranquilo, no justo después de que a alguien lo hayan rechazado en la cama. Ahí todo está demasiado a flor de piel.
- Separen las ganas de sexo de las ganas de cercanía. Se puede querer muchísimo a la pareja y aun así no tener ganas esta noche. No es ninguna contradicción.
- No busquen un culpable ni un diagnóstico. No se trata de decidir quién tiene el problema, sino de entender qué necesita cada uno.
Hay una frase que lo cambia casi todo cuando se dice en voz alta: "no es que no te desee". Quien tiene menos deseo casi siempre sigue queriendo y deseando a su pareja, solo que ahora su cuerpo responde distinto. Cuando eso se dice claro, la otra persona deja de tomarse la diferencia como algo personal.
Buscar lo que les sirve a los dos, no un acuerdo a la fuerza
La trampa de siempre es intentar "encontrarse a mitad de camino" como si fuera una cuenta: si uno quiere tres veces por semana y el otro una vez cada quince días, pues algo intermedio. Eso casi nunca funciona, porque los dos se quedan con la sensación de haber recibido demasiado poco o de haber dado algo a la fuerza. Y el sexo a la fuerza no acerca, aleja.
Es mejor no buscar un número, sino lo que los dos desean de verdad. A veces se descubre que a quien tiene menos deseo no le molesta el sexo: le molesta la presión, esa sensación de que "tiene que". Cuando la presión se va, las ganas vuelven con más facilidad. Y a veces lo que les sirve no es ni menos ni más, sino otra cosa: más ternura, sin dar por hecho que cada vez tenga que terminar igual.
También ayuda ensanchar lo que entienden por cercanía física. Entre "nada" y "sexo completo" hay todo un espacio: las caricias, los abrazos, un masaje, estar cerca sin tener que llegar a ninguna parte. Para muchas parejas eso es justo lo que destraba lo demás, porque quita de en medio la tensión del todo o nada.
La cercanía fuera del dormitorio
El deseo casi nunca vive separado del resto de la relación. Si en el día a día hay frialdad, cansancio o reproches que se callan, es poco realista esperar que de pronto salte la chispa en la cama. Y al revés también pasa: las parejas que se sienten cerca fuera del sexo llevan mucho mejor las épocas en que el deseo de uno baja.
Esa cercanía se construye en las cosas pequeñas: una charla sin el teléfono delante, una broma que es solo de ustedes, que alguien note que el otro está reventado y se haga cargo de la noche. No es un tema aparte del sexo, suele ser su base. Cuando entre ustedes hay calor, el deseo llega más fácil, y un "esta noche no" se recibe sin rencor.
Cuándo vale la pena pensar en un especialista
La mayoría de las diferencias de deseo una pareja las puede atravesar sola, con conversación y tiempo. Pero hay momentos en los que conviene buscar ayuda de fuera, y no tiene nada de vergonzoso: es el mismo cuidado por la relación que cualquier otro.
Piensen en un sexólogo, un terapeuta de pareja o un médico si:
- la diferencia de necesidades se ha vuelto una fuente constante de peleas y distancia,
- el deseo bajó de golpe y viene con otros síntomas (puede haber una causa médica o un medicamento detrás; aquí empiecen por el médico),
- aparece dolor durante el sexo, o miedo a que duela,
- uno de ustedes lleva mucho tiempo sintiéndose rechazado y las conversaciones dan vueltas en círculo,
- el tema toca algo más hondo: una herida antigua, vergüenza, una historia difícil.
Acudir a un especialista no quiere decir que la relación haya fracasado. Quiere decir que los dos la cuidan en serio.
Un primer paso pequeño
No tienen que resolverlo todo en una noche. Lo mejor es empezar por una conversación honesta y sin presión, de esas que buscan entenderse, no fijar un horario nuevo. Si quieren meterse más a fondo en el tema del deseo, ayuda ordenar antes cómo hablar de deseos en pareja de una forma que se sienta segura para los dos.
A veces lo más difícil es esa primera frase en voz alta. Para eso hicimos Privé: un juego para dos en el que responden por separado las mismas preguntas sobre cercanía y deseo, y luego ven solo aquello a lo que los dos dijeron "sí". Un "no" suelto se queda en privado, así que nadie tiene que explicarse ni defenderse. Es una forma tranquila de descubrir su "sí" en común sin tener que pasar por una conversación difícil en directo. La primera ronda es gratis y dura unos minutos. A veces basta con eso para arrancar una conversación que llevaba tiempo esperando.