Ideas para una cita en casa que de verdad se sienta como una cita
La diferencia entre "estamos juntos en el sofá" y "esta noche tenemos una cita" cabe en una palabra: intención. Cuando se ponen una hora, cierran los portátiles y apagan la luz dura del techo, algo cambia en el aire: esta noche es para ustedes y para nadie más. El resto es solo elegir el formato.
Una venda y la cocina compartida
La cata a ciegas suena más sofisticada de lo que cuesta montarla. Uno le cubre los ojos al otro con un pañuelo suave y le acerca pequeños bocados de lo que haya preparado: un cuadrado de chocolate negro, una rodaja de mango, una aceituna, un sorbo de vino. El de los ojos vendados adivina y describe el sabor, y luego cambian los papeles. Quitar la vista de en medio hace algo curioso con el resto de los sentidos, y darse de comer en la boca, esperar el siguiente bocado sin saber qué llega, resulta mucho más íntimo de lo que suena.
Si prefieren remangarse, preparen un solo plato de principio a fin, los dos a la vez. Nada de menú de cinco tiempos, solo una cosa buena: ñoquis caseros, pasta fresca, un sushi que se deshace a cada paso, y ahí está la mitad de la gracia. Cocinar codo con codo obliga a rozarse, a coordinarse y a reírse bastante, y al final se comen el resultado como un pequeño trofeo. Una copa de vino mientras cortan, más que bienvenida.
Noche de cine temática y un viaje de una noche
"Pongamos algo" rara vez acaba siendo una buena cita. Una noche de cine con tema es lo mismo, pero con un marco alrededor. Elijan un país o una década y constrúyanlo: una película japonesa, ramen para cenar, té verde al lado. O los años ochenta, una comedia de la época y algo de picar a juego. También pueden montar un "viaje de una noche" sin película: música, comida y una copa de un punto del mapa al que de verdad quieran ir algún día. Es una forma barata de darle carácter a la noche en lugar de dejarla en manos del azar.
La cita sin móviles
La idea más simple de la lista y, muchas veces, la más difícil. Acuerdan que durante dos horas los dos móviles se van a otra habitación, boca abajo y en silencio. Sin mirar, sin "solo reviso una cosa". Lo que pasa después sorprende a casi todas las parejas: la conversación vuelve sola, porque ya no hay adónde escapar. Si quieren darle un empujón, ayuda tener a mano unas cuantas preguntas para arrancar. Escribimos un texto aparte sobre de qué hablar en pareja por si les viene bien un punto de partida.
Un juego de pareja como eje de la noche
A veces lo mejor es darle a la noche una estructura ya hecha y dejar que los lleve de la mano. Pongan sobre la mesa un juego de pareja y una copa de vino. Uno bueno hace lo que cuesta provocar a propósito: lanza preguntas que no se les habrían ocurrido y les enseña dónde coinciden y dónde, sin decirlo, desean cosas distintas.
Para eso hicimos Privé. Es un juego para dos: cada uno responde por separado a las mismas preguntas y luego ven dónde se cruzan sus respuestas. Hay más de cien preguntas repartidas en decenas de rincones de la intimidad, desde las más suaves hasta otras bastante más atrevidas. Y en las atrevidas hay una red de seguridad: solo se revela aquello a lo que ambos dijeron que sí; si uno elige que no, el otro nunca se entera. Así pueden ser sinceros sin miedo a decir una palabra de más.
Mirando cómo responden las parejas, hay algo que llama la atención: en una de cada tres, más o menos, existe algo que a los dos les despierta curiosidad y que ninguno ha dicho nunca en voz alta. El juego lo saca a la luz sin que tengan que pasar por la conversación incómoda. La primera ronda es gratis, unas doce preguntas y unos minutos, así que cabe de sobra en una noche, justo al lado de la cena.
Cómo preparar una noche que signifique algo
El formato es la mitad del trabajo; la preparación es la otra mitad. Cuatro detalles que rinden mucho más de lo que cuestan:
Despejen el terreno antes, para no andar buscando un paño en mitad de la cita. Bajen la luz: una lámpara, una vela, cualquier cosa menos el foco del techo. Dejen la música elegida antes de empezar, no a la carrera en medio de todo. Y avisen de que esta noche están ilocalizables, porque pocas cosas estropean una cita como una llamada ajena a media cena.
Lo más importante, eso sí, no cabe en ninguna lista: tómense la noche tan en serio como se la tomarían si salieran a la calle. En un restaurante no contestarían correos entre plato y plato; en casa vale la misma regla. Todo lo demás, la cena a ciegas, los ñoquis compartidos o una ronda del juego, no es más que una buena excusa para estar de verdad juntos un rato.
Si buscan más maneras de mantener viva la chispa entre ustedes, echen un vistazo también a nuestro texto sobre cómo avivar la relación. Para esta noche, en cambio, basta con poco: una idea de la lista, dos horas y la decisión de que esta velada les pertenece solo a ustedes dos.